ESCRITOS


Decir: NO

Hace muchos años, un héroe de las sombras en movimiento, Charlton Heston (Charton Géston) protagonizaba una película que se llamó “El planeta de los simios”. Era una de ciencia ficción que transcurría en el futuro, luego del reventón.

Por aquella época todos latíamos al ritmo del teléfono rojo, el botón romo, el humor de los presidentes norteamericanos y rusos, la casi inexorable guerra nuclear.

Heston había viajado en el tiempo, por accidente no por propósito, y se había encontrado con un mundo inverso. En él, los simios dominaban la civilización –de neto corte autoritario, espejo de la nuestra– donde los esclavos eran los humanos a quienes mediante un dispositivo incrustado en sus gargantas, se los había enmudecido.

Contaba la leyenda simia que veneraba a su fundador, que todo había empezado un día que un mono de laboratorio, desesperado por los vejámenes a los que era sometido se había erguido y había dicho: NO.

La película era estándar, pero como todas las de ciencia ficción decentes, recogía las verdades subconscientes que dominaban la época. O por lo menos eran los temores que me dominaba a mí. En general no se me presentan los terrores como personales, sino en forma de preocupación  por el conjunto de seres que me rodea.

En las actuales circunstancias, las variables no han cambiado, más bien se han engrosado y prohijado otras, más sutiles.

He pensado últimamente en seguir diciendo NO.
Porque no es nada nuevo, es casi una costumbre.
Es más, en cierto modo me sé integrante de una multitud de decidores que NO, como forma última de la afirmación de la vitalidad.
Está en juego la vida.

Decir que no a los yugos múltiples y sucesivos se ha convertido en un deporte, que no por masivos dejan de parecer solitarios en la medida en que por momento no involucra una organización, ni puede hacerlo, dado que el espectro que confronta es el de la servidumbre voluntaria. Monstro de los mostros que, materializado, se ha hecho invisible.

La servidumbre voluntaria es la forma de trabajo actual. Se está compelido a la acción, bajo pena de creerse muerto, porque se ha equiparado el estar muerto con el ser inútil. Hacer algo productivo (en términos de consumo) se convirtió primero en axioma, luego mediante un proceso de naturalización que hermana a los medios de comunicación, la tecnología y la psicología de masas en su voluntad política, en un objetivo común. Se naturalizó al punto de confundirse con el principio de necesidad de enunciaron las vanguardias (en el que ya probablemente anidaba en el sistema de trabajo la superposición del tipo de trabajo industrial introyectado con la interioridad del sujeto).
Así, presuponiendo un sujeto activo, productivo y consumidor, el personaje no necesita que lo hagan trabajar hasta reventar: trabaja solo hasta consumirse, porque está solo, porque se comunica sólo a través de su producción, porque perdió el contacto con la cadena de producción comunitaria, porque no sabe cómo plantar sus verduras.

Me es dado pensar que ese desarrollo (como tantos otros) fue “actuado” por el arte o por buena parte de los artistas que se convirtieron en ejemplos de tal perfil de trabajador –mientras fuimos inocentes– y de humano, cuando dejamos de serlo.
Actualmente, la industria del conocimiento a través de sus editoras e innumerables autores, razona como humano todo aquello que lo separa de la naturaleza. Pero eso es así en el mundo globalizado, donde a su vez se exhibe por medio de los medios ese prototipo de ser, como modelo a seguir.

De ningún modo constituye una mayoría. Por decir, todos los pobres o las grandes mayorías que NO acceden al tiempo de ocio necesario para conocer esa segunda naturaleza espectacular de la que hablamos,  constituyen la inmensa mayoría del mundo y no tiene idea, ni les importa de qué estamos hablando.

Producen sí, otras segundas naturalezas que resultan continuidad de la primera, sin necesariamente agredirla. Son personas de múltiples destrezas tratando de no mezclarse éticamente con aquella cultura que les resulta obscena.

Desde ese lugar me gustaría decir NO al arte de baja estofa que convalida los procedimientos complejos que nos han conducido a esta nauseabunda cultura de la servidumbre voluntaria.

No es necesario todo ese trabajo, excepto que nos creamos todas las historias de superhéroes con sus yoes paroxísticos y nos aboquemos a reventar, a implotar, porque hayamos negado el final.

El final es el mismo de siempre: todos nos vamos a morir. Con nuestros yoes doble pechuga, con nuestra miserias y cocardas, con nuestros terrores y excesos, embadurnados en una soberbia portentosa, una autoestima extra chata y una sabiduría ausente.
Si abolimos la muerte, estamos fritos.

Si pretendemos trascender, también. Se trasciende sin uno proponérselo, es mi opinión. El sumun del control sería institucionalizar la percepción de los que siguen.
La obra que se propone dejar un legado, es el discurso políticamente correcto de la construcción de una marca; la que no tiene ese propósito, la que no es hija de un objetivo o de un plan, es eso, obra.
Otros factores, circunstancias, azar y calidades la harán o no, obra de arte. No es importante. En el mejor de los casos, había que hacerla.

Entre nosotros habita un buen conjunto de artistas que asumen la postura que pregono, en general, artistas que les importa poco la importancia personal y persiguen la mayor libertad posible a la hora de trabajar (estado alejado de toda forma de misión, voto sacerdotal, revelación mística, etc.) en ese impulso que lleva a modificar la materia y darle forma.

Menos ocupados de la originalidad que de la calidad, nada atentos a la distinción política entre arte y artesanía o arte y diseño, relajados respecto de los formatos del poder que hoy se manifiesta mediante el gigantismo formulado por medio de materiales de elevadísimo precio –lejos de pedestales y escalinatas, dorados a la hoja o incunables– con su atención dedicada a los gajes del oficio, sabiéndose con voz propia en tanto colectiva, mostrando en definitiva, que se pude ser “como cualquiera” siendo consciente y que dicha operación es una forma incontestable de decir NO a la economía de mercado, al “status quo”, a lo inexorable que se manifiesta como ambición, en ese mundo sin Dios, sin patria y sin demanda.

Ese es el NO que falta en el recuento de las rebeldías que suma con empeño la intelectualidad que intenta explicar el cinismo del mundo global, desde dentro, desde la sociedad predadora que los contiene.

La enorme mayoría del planeta, que son los pobres y postergados que pueblan los cinco continentes NO ambicionan el éxito, los cinco minutos de fama o los millones de seguidores. En general, prefieren dar de comer a sus hijos, tener una ocupación que lo permita, tiempo para hacer cosas que les gusta y cobertura médica y social que permita una austera vida sana.
Prueba de ello es que no se agrupan en conjuntos de violentos, no altisonan con ningún mesianismo, predican con el ejemplo.
Existe una intuición colectiva que demanda sabiduría, para NO responder a la violencia con más violencia. Se contesta con desinterés, se vota mal, se llena uno de problemas, se percibe un detrimento de la calidad en el rol de ciudadano –como en tantos otros oficios–pero no se responde con violencia.
Se exhibe una enorme tolerancia al hermano animal, al sol , a la luna, al brote, al bebé, etc.

Siempre en términos colectivos, mientras los medios te muestran lo contrario, el infinito  testimonio personal  que por intolerable sume primero en la impotencia y luego en la anestesia. Pero siempre siempre cumple su objetivo: desdibujar la percepción del conjunto, de la clase, de la tribu de pertenencia. Herramienta básica de la trituradora de conciencia colectiva que en su eficacia propicia y festeja el biotipo del servidor o esclavo voluntario que inunda el globo, pero, insisto, no domina el planeta. De manera intersticial percibo múltiples rebeldías a ese estado de las cosas.

Abomino entonces de ese arte que renunció contento a operaciones humanas tan propias como reflexionar, contemplar, pensar. El campo artístico no se agota, ni de lejos en el universo de los sentimientos, las sensaciones o las percepciones. Ellas son su materia prima, pero su universo se integra de todas las capacidades humanas; fragmentar los territorios espirituales es la más eficaz estrategia para internalizarse como segmento, de cara a la especie. Superestructura de la división del trabajo: la división del espíritu.
Si bien las operaciones que reclamo también para el arte (reflexionar, contemplar, pensar, razonar, etc.) no tienen imagen, cierto es, que determinado tipo de imágenes las propician, lo han hecho. No me queda claro y poco importa, si ha sido por voluntad consciente de los artistas, pero lo cierto es que lo han hecho fundando la imagen en el misterio, sin mostrar las herramientas, provocando la curiosidad.
En lo que NO ha sido dicho se esconde una invitación provocativa o seductora que propone el pensamiento. En este sentido el maridaje entre imagen y palabra es el más antiguo entre nosotros.

De tal modo que en un mundo sin espacio real para el ocio, lo que ha hecho el arte en las más variadas formas, es sostener esa operación que permite que el objeto artístico altere o suspenda el tiempo durante un período, por breve que sea. Cuando ese otro reloj se rompió, porque el cronómetro ganó todo el espectro, se propone a sí mismo como obra de arte. Se muestra realizando su trabajo.
El esclavo del siglo XIX que estaba en situación similar, incorporó la síncopa e inventó el blues, incorporó la destreza guerrera al baile e inventó la capoeira.

El espacio vital está tomado en buena medida por la carrera a ninguna parte.
 Algunos, voluntariamente ubicados en la banquina miramos el maravilloso paisaje y les ofrecemos agua a los corredores, con la esperanza de que detengan su marcha y podamos compartir la belleza circundante y nuestra sonrisa cansada.

                                                                                                      Laura Massoni
                                                                                                    noviembre, 2016.



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(el que sigue es un texto escrito para la presentación del colectivo artístico Bexia)



Bexia, desde antes de mañana.



Sin sobreabundar en la descripción de subterráneas tradiciones, quiero señalar que el conflicto entre las mujeres y el saber, está lejos de resolverse. Es posible que se deba  a que en general llamamos “saber” a ese corpus de conocimiento que adocenó durante miles de años el género masculino, en el que las mujeres no participaron mayormente de su producción.
Hoy, entendemos que las mujeres están conquistando progresivamente saberes que históricamente les fueron vedados. Todos tenemos una idea de que eso es cierto, en las múltiples maneras en que se manifiesta. Esa conquista –el verbo conquistar–  tal como se designa, alude al acuerdo común de que el saber es poder. Podríamos también asomarnos a la percepción sobre que esos conocimientos son poderosos porque fueron acumulados por quienes ejercieron abrumadoramente el poder. ¿Qué fue antes y qué después?
Cuando las mujeres quieren descansar de estos axiomas que las incorporaron a la velocidad alienante del mundo capitalista –siempre por valor de uso, nunca por justicia– no se les ocurre holgazanear, no conciben no hacer nada.  En esos momentos gloriosos,  echan mano a su cultura milenaria transmitida por vía oral, concreta, vital. Los quehaceres, y dentro de ellos, el placer infinito de sumar elementos estéticos a la tarea –arte efímero en general– que entraña en sí la esencia del espíritu del artesano: aquél que modifica un material por el sólo hecho de hacerlo bien, con esa condición ética.
Cocinar, lavar, limpiar, coser, tejer, bordar, plantar, cosechar, todas tareas que aprendieron que si hacen entre mujeres, tanto mejor. Saberes no muy prestigiosos –en franca extinción– que han enderezado a la mitad de la humanidad durante su existencia.
Bexia viene al rescate de ese estado de gracia que supone el trabajo conjunto, la unión significativa, la intimidad del diálogo, la expansión de la autoría, donde ningún “yo” corre peligro, pues se entrega al nosotras, aunándolo con un oficio –el arte plástico– que salvo excepciones, debió esperar hasta el siglo anterior para sumar damas a sus filas, pues ha sido un área del saber particularmente vedado a las mujeres. Sincretismo metodológico que propone un acceso posible a la experiencia estética por fuera de los protocolos del medio y su entendimiento del poder, sustrayéndose de las “tradiciones”, para recuperar la esencia.
Ello supone un conocimiento profundo de la materia elegida, de sus condiciones de lenguaje de posibilidad y de una lúdica apertura al acaso, al encuentro fortuito, sin resignar la reflexión, la composición, de cara a la realización de imágenes plásticas significativas.
Antes bien, no se trata tanto de la huella de un diálogo entre dos personas, como de la enunciación de un saber que nos involucra a todos desde su condición atávica, ineludible.
Bexia es un estado sencillo de reconocer, está en nosotros.
                                                                    Laura Massoni, septiembre de 2016. 







(el siguiente es un texto que forma parte del libro "La niñez cartográfica" de Lucho Galo, Buenos Aires, septiembre de 2016)



Los nacidos, recién, siempre…
Carbón en la arena, tiempo des medido
El motivo condensa, concreta, precipita
Deviene presencia insoslayable,
Primigenia certeza inexcusable: están.
Desde allí empujaron y pujan, afirmando
El sentido,
de la lucha, del deseo,
con esa capacidad única que tienen
para interpelar a los monstruos
y deshacerlos con la mirada.  
                              
Laura Massoni. 2014



La fuerza en la mirada

Cuando escribí esas líneas –posteriores a la realización de la serie de pinturas sobre bebés (Serie del Horizonte devenido, óleos sobre tela y  carbón sobre arena, 2013/2014– de un lado, me estaba refundando una vez más luego de una inundación que se llevó buena parte de mi trabajo de muchos años y también, estaba reflexionando sobre la fuerza poderosa de esos bebés que se habían defendido de la muerte en épocas de exterminio de sus padres, ante la mirada de los represores, habían sobrevivido.
Corrían épocas de recuperación de nietos y del caso insignia, el nieto de Estela de Carlotto.
Nuestro entramado social encontró en un mar de impedimentos la ventana que permitió reasumir la búsqueda concreta de justicia a través de la figura de a la apropiación de niños realizada durante la última dictadura, la consecuente supresión de la identidad, todo lo que sabemos.
La constatación de la fuerza irreprimible que tiene el desvalido ante el conjunto de los opresores es algo que siempre ha llamado mi atención. Recibe todos los castigos, restituye desde y para la memoria, su presencia ineludible. La recurrencia en su hostigamiento y persecución, también.
La niñez como potencia, como universo de posibilidades en acto, como derecho y deber.
En este lado del mundo el camino recorrido por la niñez ha sido largo y a paso de carga. Se le ha impuesto toda suerte de etiquetas, se la ha destratado de muchas maneras y desde hace poco tiempo con respeto como condición. Nada está cerrado.
La convención de los derechos del niño tiene tan solo pocos años y da cuenta no sólo de su conquista social en forma normativa que enuncia la necesidad de su protección, sino también la enorme necesidad de su creación, reverso de la creciente masa crítica de niños en total y absoluta indefensión que habita el planeta, conforme asola a la vida humana el modo globalizado del capitalismo financiero, por definición sin orden ni concierto. Con un agravante: la convención se enseña en las escuelas de niños, pero no en los universos adultos. La mayoría de los adultos no conocemos sus derechos.

Por mi parte, concibo el arte como testimonio de un camino –de una búsqueda que es personal en tanto colectiva– en la que la producción de imágenes opera como testigo y testimonio de ambas.
En el trabajo artesanal concreto (cualquiera sea) se exploran las dimensiones de la habilidad, el compromiso y el juicio de una manera especial: aquella que asume la estrecha conexión entre la mano y la cabeza. Toda persona abocada a este tipo de tarea mantiene un diálogo entre la práctica del oficio y el pensamiento. Este diálogo evoluciona hasta convertirse en hábitos que establecen un ritmo entre las soluciones y la aparición de nuevos problemas.
Así es como las personas podemos aprender de nosotros mismos a través de las cosas que producen nuestra cultura material, que por cierto, no obedece a los ritmos de la vida biológica  ya que sus obras no se desintegran desde dentro como un cuerpo humano, ellos siguen un curso diferente en el tiempo en la que la importancia de la adaptación y la metamorfosis crece a través de las generaciones.
Se trata para los humanos de un impulso duradero y básico: el deseo de realizar bien una tarea, sin más.
Asumo la práctica artística como un modo de conocimiento y también un método de reglas en continua reformulación, que reúne todas las peculiaridades enunciadas.
 Dije, el camino es colectivo y personal. El primero se me presenta más sencillo de organizar en palabras, el segundo involucra la intimidad. Sólo mencionar que he atravesado todas las instancias conocidas de la gestación, finalmente coronada con la presencia infinita de mis hijas y que esa caja de mamushkas que es la vida, me impulsa.
La producción de imágenes plásticas es en sí, un acto de memoria que condensa las memorias ancestrales, las inmediatas, las perennes, las casuales. Resultante de una síntesis que adocena gestos y sensaciones, tal vez y solo tal vez, entabla un diálogo con quien ya lleva en sí las capas geológicas de su cultura en la medida en que se sienta espejado, aludido, representado. Allí residirá su eventual representatividad y eficacia.
                                                                                                   Laura Massoni, 2016.






CONTRA LA ESPECIALIDAD.

I. Leonardo, Beuys, Kubrik y Platón.


Se plasma sobre el soporte o se modifica la materia, en función de lo que se ve. 


Eso que se ve, está compuesto por extensas y titubeantes variables que incluyen lo que se ve en el tiempo en que nos toca vivir, en el espacio que nos toca habitar, en la subjetividad de la historia personal, familiar, colectiva, pero además y como va de suyo, se agregan hasta las condiciones anatómicas del ojo del que ve, pasando por la cronología de sus cuerpos (que no es lo mismo dibujar a temprana edad que a la última) y también de las condiciones de producción material y técnica tanto del que opera plásticamente sobre una imagen, como de los medios que su época le proporciona o que ha sabido adocenar.

A eso habrá que agregar, lo que se espera que se vea por parte de los otros que ven y la ausencia de visión propia de cuando una vez producida la pieza, comienza a circular en los espacios de exhibición, donde ella está sola y quien ve, es el espectador.

Espectador, que a contrario de lo que muchas veces se fabula, es un humano que comparte en sí todas las mismas características en potencia y acción con el productor y que esencialmente ve lo que puede o quiere, irremediablemente emancipado de la imagen que se ofrece a su atención, toda vez que, para que él vea la imagen, la tiene que haber sabido de antes, no puede verse lo que no se sabe de antemano, porque si no, no se ve.

Así, la imagen, que es muda, resultante de una condensación de gestos parlantes de su realización (no pueden materializarse sobre la misma materia todos las intuiciones, necesariamente, hay una síntesis) sucede ante unos destinos que no nos hablan o que en el mejor de los casos tienen un registro personal de sus sensaciones de tal modo que se adueñan o rechazan la imagen en la medida en que la hacen propia.

Entonces, la imagen no tiene un propietario real y la individualización de su autor no sirve para explicar qué ha sucedido con el espectador.

Esta bella libertad que acontece desde el acto de la producción hasta su realización con los otros, ha sido materia de ríos de tinta para tratar de explicar/se dónde podemos encajar en el orden de las jerarquías que nos permiten entender el funcionamiento social, a los artistas.


Menudo problema que le sacó canas verdes al amigo Platón y que nos marcó para siempre en este juego de salir del corset que juega el artista cada vez que se lo quiere ajustar al casillero, adquiriendo casi en forma sistemática el carácter de transgresor de las reglas vigentes, aún a costo de perder su propio espesor poético, cuando ese carácter se convierte en el centro de la observación de sus acciones.

Recuerdo en este momento el preciso y ajustado sitio que le otorga Platón al artesano (que no puede “por naturaleza”, dice, dejar de serlo) e impedido por definición de acceder al mundo puro de las ideas, puesto que sólo puede desplegarse en el corruptible universo material y, en sentido contrario, a Joseph Beuys afirmando que todo ser humano es un artista e invitando a la humanidad a recuperar ese peculiar sitio desde el que se producen objetos, ideas, conductas, propósitos, políticas, con el mismo cuidado con que se hace un zapato bien hecho, con oficio y vocación de servicio.


Se agolpa en mi imaginario el despliegue de Leonado como un ser humano por excelencia que se desplegó todo lo que pudo sus deseos e intereses sobre muy diversos quehaceres y oficios. Más es importante notar que no sobre todos.

Cuando se dice que ya no es posible retener el conocimiento de la época porque es tanto que sería imposible absorberlo, se está haciendo una afirmación falaz. No se conoce a nadie que haya condensado en sí todos los saberes de su época, en vez, trasciende hacia la eternidad concreta la figura de aquél que intentó desplegar sus curiosidades en todo lo largo de sus posibilidades. Es bien diferente.

Hace ya demasiado que los discursos en circulación destacan con demasiada liviandad y sin medir consecuencias en cuanto a la responsabilidad social, que el ejercicio de la creatividad tan pronto es para seres tocados por los dioses, o idiotas que no encuentran el modo de ser útiles, o personas excepcionales que logran superar infinitas dificultades para desarrollarse, es decir, un sin número de descripciones que colocan en forma sistemática la actividad creativa cerca de lo inhumano y seguro en cabeza de unos pocos seres especiales, que sufren en toda la panoplia de posibilidades del sufrimiento esa condición indescriptible de ser depositarios de un don que los avasalla. Modelo reductor del individualismo romántico europeo, o de cuando el hombre se quedó solo, sin cobijo monárquico, frente a la puerta de la mina de carbón.

Así, hasta para la ciencia eurocéntrica habrá de remarcarse, como se ha hecho, que la precipitación de un conocimiento hacia el raciocinio no proviene de la deducción lógica, antes bien de una suerte de intuición que mucho tiene de manifestación divina para quien la vive, porque fundamentalmente, no la puede explicar y acontece a una velocidad que no admite inducciones ni deducciones (Newton y la manzana).

Generalmente no se insiste en que para que esas iluminaciones precipiten a la tierra de las explicaciones hubo antes la generación de todas las condiciones posibles para su producción. Es difícil que caiga lluvia cuando el cielo está limpio o que podamos tomar un baño de luna al mediodía.


Así, la adquisición de saberes específicos (oficio, saber, conocimiento) para la producción de imágenes o de cualquier otra cosa, es imprescindible, pero es algo muy diferente afirmar que para que la creatividad se despliegue, es imprescindible ser especialista en la materia.

Creo que no, que incluso no es deseable.

Para mantenerse abierto y dispuesto a lo que se ve, entiendo que hay que intentar la resistencia al axioma jerárquico que dice que uno sólo puede trabajar en el ámbito de la especificidad más estrecha.



La tensión entre el propósito de integrar todos los saberes que tiene una persona y el dedicarse a desplegar exhaustivamente una de sus potencialidades, bajo el nombre de especialidad, especialista en, idóneo, profesión etc., es una discusión no menor en el marco de todo el mundo contemporáneo, que excede ampliamente el rol del artista – quien más bien refleja y acompaña proponiendo preguntas y haciendo propuestas– sobre los más diversos modos de interpretar la especialización como meta de la vida en el desarrollo de su vida. Porque no debe estar ausente la enunciación de la consecuencia primera: una mirada muy sesgada respecto del mundo en el que vive y una cierta sensación de vacío, producto de haberse perdido la oportunidad de vivir modalidades más amplias e íntegras de la vida.


Esa falta de integralidad, por supuesto deviene del desarrollo del modo de producción de bienes del mundo moderno, tributaria de la regla regia de la división del trabajo que ha acentuado la huída hacia adelante de esa humanidad que respeta más los bienes que produce que a sí misma, convirtiéndonos en extranjeros de nuestro propio planeta, a partir de mirarlo como a un objeto y no como a uno mismo con diferente organización de los elementos que nos componen. Valga el juego de palabras, un vergonzoso sacrificio de la integridad.


Refugiados de la naturaleza que desconocemos pertenecer, vivimos entre tabiques ortogonales que segmentan el espacio, fragmentan los cuerpos, sus imágenes y sus ideas y nos disparan hacia la percepción de un espacio cósmico, bello e imaginativo, inabordable y asfixiante.

Dato curioso, la representación del  espacio cósmico no apareció en occidente hasta que no se dieron las condiciones: dirigir la mirada hacia arriba…porque mirar de frente o abajo ¿resulta doloroso?, Kubrik nos dijo cosas valiosas sobre esto. 


Noticia: nuestro ADN sigue siendo el mismo que el de los muchachos que habitaban las cavernas bajo el sol de los tiempos primigenios y esa condición, desde la perspectiva del descontrol devenido del más férreo control de las personas que se haya ejercido jamás, se pretende una limitación. Qué tontería. Qué falta de humor.


Funcional a ello, temer a la muerte hasta la parálisis inhabilitante resulta espejo de temer a la vida y desear profundamente que el tiempo no transcurra, la vida no se termine, a lo mejor con la razón que asiste a quien sospecha que desmadrado y sin espacio, no puede vivir el transcurso del tiempo con curiosidad, con alegría. Sólo puede lamentar que no vive, y seguido a ello, usar su condición para inventar toda suerte de apósitos para tapar, morigerar, negar, erradicar, esconder y así poder soportar los límites del corral, y las continuas beligerancias que lo arrasan.


No es esperable a estas alturas que esa conducta cese de repente. Ni tampoco deseable. Sólo pensarlo, pone la piel de gallina. No se trata aquí de proponer rupturas feroces, puesto que la misma contemporaneidad ha constatado lo devastador de la reacción, o de otro modo, que cuando el polvo cae luego de la explosión: asfixia, enferma y mata.


Tal vez, se pueda apuntar que una de las lecturas que admite la primera parte de este texto podría enlazarse con la teoría matemática de los conjuntos que demuestra que el todo y la parte tienen la misma jerarquía e incluso la parte puede llegar a tener más envergadura. Adiós a los prejuicios de Platón sobre los zapateros.

La sensibilidad no conoce límites físico políticos, ni reducciones de laboratorios, más bien es una construcción común a todos, sin que ello diluya las personalidades, antes bien, las potencia. Vuelvo al ejemplo, Leonardo, es, en este sentido, patrimonio de la humanidad. Ni podemos pensar la vida como si no hubiera estado allí, ni podemos dejar de sentir su proximidad hablándonos al oído, aludiendo a la bella perseverancia y el juego.


Estallar el escudo de la especialidad, lo específico, lo que tiene un solo sentido, lo que perdió la visión macro, la conexión con el otro, la solución única o la final.

Aparece nítida la oportunidad de estar en el mundo, antes que la eyección sea una posibilidad tecnológica concreta y necesaria y no sólo una anticipada descripción filosófica.


A los artistas, la tarea de continuar marcando la anomalía en el diseño perfecto y la infinita combinatoria de posibilidades para reencontrarnos en otra voluta de la espiral, con herramientas afines y saberes conocidos e inexplorados. 

LAURA MASSONI. Octubre 2013.














XUL SOLAR por Laura Massoni 

Buenas noches, Xul

Indicios

Cuando decidí prestar atención al Museo Xul Solar a propósito de una circunstancia casi fortuita, me impulsó el recuerdo de la única vez que estuve allí.

Unos meses atrás cuando volví, nada había cambiado.
Entonces y ahora, al entrar noté que todos los que estábamos allí bajábamos el tono de la voz, caminábamos despacio y con prudencia, sin apuro. Tal como suele suceder cuando se ingresa a un templo.
Inmediatamente se repara en su singular arquitectura de características inconfundibles y en lo cuidada que está la obra.
A ese momento, se agregó la sorpresa de que casi todo estuviera igual.

Cuando el objeto casa de artista adquiere esa condición, se instala la sensación alarmante y placentera de que el tiempo ha sido burlado, que se lo ha atravesado. Sensación de densidad perenne.

Con los días, de atenta y diversa lectura, de presencia en el museo, de observación de los roles que cumplieron y cumplen los diversos integrantes de ese fenómeno cultural que es el Museo Xul Solar, establecí algunas conexiones que quisiera compartir con ustedes y que desde ya adelanto son mi exclusiva responsabilidad.

Historia.

Xul Solar (19887/1963), junto a su amigo Emilio Petorutti, vuelve a Buenos Aires a mitad de los años veinte, luego de 12 años de estadía en Europa.
Hasta ahí había llegado trabajando de peón en un carguero, desembarcado en Londres y ahí mismos abandonado su propósito de ser monje en el Tíbet.

Su vocación: la creación y la curiosidad.
Pudo desplegarla en el estudio y ejercicio de los leguajes, cualesquiera fueran, hasta producir los sincretismos que lo hicieron famoso.
La pintura fue uno de ellos, pero no el principal, ni siquiera el eje que organizaba su mundo, se podría decir que operaba como ilustración de él.
Ejerció la pintura como un modo más de comunicación de sus intereses. Sucedió sí, que como estos eran muy eclécticos y se presentaban de un modo intuitivo, la pintura cobró más importancia con el correr de los años.
Nunca estudió formalmente.
Nunca manifestó la más mínima preocupación al respecto.
Al igual que el aprendizaje de las lenguas basales, estudió solo y desarrolló su técnica del modo que le pareció, al servicio de su necesidad de emitir mensaje, tratando de restituirle la luminosidad y la potencia con que sus “visiones” se presentaban.
Si en algo impresiona de Xul pintor, es su ejemplo respecto de la absoluta correspondencia entre la imagen y las materias elegidas (acuarela o témpera).

...

Les decía, que cuando toman la decisión de volver juntos...no tenían ningún motivo concreto para hacerlo, sólo lo desearon.
Estaban medianamente instalados en sus sitios de trabajo, y sabían que vivir aquí no sería mejor que allá, pero los movilizó el fuerte deseo de traer su experiencia a su lugar de origen.
En el barco de vuelta, trajeron todos los libros (la gran mayoría constituye la biblioteca de Xul, de 3.500 volúmenes) y los dos talleres completos, hasta la pelusa.
Eran dos pintores que ya habían vendido su trabajo y continuaron haciéndolo aquí, con suerte dispar.
Petorutti se instaló prontamente en el universo estelar de los pintores significativos, como todos saben, y Xul Solar, no logró hasta el final de sus días, ser aceptado por la sociedad porteña como algo más que un personaje encantador, sabio y buen amigo, algo excéntrico, austero y orgulloso.
Por estos días, clasifican primero y segundo respectivamente, en la carrera de las cotizaciones del mercado local.
Xul, con valores cercanos al medio millón de dólares.
Siempre hay que mirar la sección deportes, dice mucho sobre el estado de las cosas.

Sus ingresos provinieron principalmente de las traducciones (hablaba once idiomas conocidos - ruso, arameo, guaraní, por nombrar algunos - más los de su misma invención - neo criollo y pan lengua- que utilizaba cotidianamente) y de la confección de cartas natales, clases y conferencias de astrología, tareas todas que combinaba con absoluta naturalidad.
A propósito de esos cursos conoce a Micaela Cadenas -bastante menor que él- con quien se casa a los 59 años, en 1946, y por quien profesa un gran amor. Fue su última mujer.
La cuidadora, así la llamaba.
Sobre ella no se sabe más que algunos datos aislados:
Que trabajó toda su vida en la Secretaría de Presidencia de la Nación; que luego vivió exclusivamente de su jubilación; que sobrevivió a Xul casi treinta años; que siguió vinculada con sus amigos y que custodió seriamente una carpeta que él había separado, indicándole que eran los trabajos que “no se venden”.
No tuvieron hijos.
Vivieron en uno de los cuatro departamentos que él había heredado de su madre y su tía, todos situados en la calle Laprida 1214, los otros los arrendaban.
Y también en el rancho del Tigre - su único lugar de vacaciones- que adquirieron unos años antes de la muerte de Xul que sucedió en ese sitio, en 1963, cuando tenía 76 años.
Hacía bastante poco, en 1957, había hecho por primera vez una exposición en la Galería Rubbers, de la mano de Natalio Povarche, su dueño, con quien Petorutti trabajaba desde mucho antes.
Desde entonces había salido de la rutina de las exposiciones colectivas frecuentes y de las ventas esporádicas de sus pinturas, le habían pedido trabajos desde Europa, las cosas estaban saliendo un poco mejor.

A partir de su muerte, Lita consiente el manejo de la obra que propone Povarche, quien la hace circular por el hemisferio norte, especialmente por Europa, donde tiene una muy buena aceptación, por las mismas razones que la tiene aquí.
Se trata de una obra permeable a los ojos de la burguesía judeo alemana, que habla de posibilidad y esperanza, de juego y humor con la misma cualidad espiritual que se puede disfrutar en un Klee o un Chagall, aunque no sea igual su calidad técnica.
Los coleccionistas argentinos de ese origen cultural compran obras por docenas, desde entonces.
El mercado le presta atención, Rubbers crece al ritmo en que la obra de Xul se vende...y Lita ahorra cada centavo que le corresponde por las ventas utilizando un argumento de incontrastable lógica femenina: “éso es para él”.

Inferencias.

Esta mujer, sin descendencia, que participó del ambiente de las decisiones y avatares políticos que se sucedieron en la Argentina …nada más pensar en el período que va desde 1963 al 1986, cuando decide crear la Fundación Pan Klub, junto con el asesoramiento de Povarché y con un único objetivo: hacer un museo para la obra que le había legado Xul. La que no se vende.
Como la casa, que dona a tal fin.
Financia su construcción con sus ahorros, los de él.
Hace otra cosa, además.
Conversa durante horas, le relata, le transmite, lo sacude, le lega su versión de Xul a uno de los inquilinos de uno de los departamentos de la calle Laprida, un joven arquitecto: Pablo Beitía, quien diseña un espacio identitario, singular, complejo, rico y útil para la exhibición de la obra, puede ser, pero sobretodo, un espacio que rinde culto al modo de estar en el mundo de Xul.

Este museo, ha sido profusamente premiado en el ámbito local.

Lita participa activamente en el desarrollo del proyecto, para el que aporta la propiedad completa, mientras se va a vivir a otro sitio y muere, sin ver terminado el museo, que se inauguró el 25 de diciembre de 1993.
Treinta años después de la partida de Xul.

Ahora.

La Fundación, - en realidad, un grupo de amigos que integra principalmente las familias Povarche y Beitía- se hizo cargo de sacar adelante el museo con mucha energía y sacrificio. Y con una trastienda que asegura su supervivencia, por fuera de cualquier subsidio estatal, mientras asume responsabilidades que tradicionalmente le competen al Estado.
Organizan eventos culturales -menos seguramente de los que inicialmente se proponían- mantienen el museo en muy buenas condiciones, tienen una política sobria pero firme de divulgación de su existencia.
De hecho el público ha crecido en cantidad y calidad en estos años. Realizan una ardua tarea docente y reciben visitantes de todo el mundo.
Atraviesan por estos momentos un período difícil por el reciente fallecimiento de Natalio Povarché, en abril de este año.

El arquitecto Pablo Beitía, quien actualmente dicta clases en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, como titular de cátedra, participa de un potente movimiento de arquitectos estudiosos y diseñadores, que se han propuesto su oficio desde la construcción de viviendas “a escala humana”, dicen.
Están desarrollando un proyecto de viviendas económicas y bellas a la vera del Río Paraná. Casi en el agua.
No puedo dejar de recordar las acuarelas, y también los escritos, de Xul sobre su proyecto “Vuel Vila”, tan maravillosamente oxigenador al imaginario colectivo, como a su turno han sido las ciudades invisibles de Italo Calvino.

Anotaciones.

Xul, digno exponente de su tiempo, abominaba de la idea de que su obra formara parte de un museo. Tal idea a su vez se puede rastrear en un conglomerado formativo que se describe como museo-mausoleo-sarcófago.
Pero dejó, a quien pudo escuchar, un conjunto de sus mejores trabajos señalados como aquellos que no tenían, ni debían tener valor comercial.

Era un hombre que adolecía del estado de invención.
Contestaba las más profundas y perentorias angustias con esperanza, con inteligencia, con el ejercicio permanente de la posibilidad.
Vivía condenado por percepciones sobre la aglomeración, la hacinación, la superpoblación, la inanición, la incomunicación, la emergencia tecnológica, el desarrollo de ella con sentido prospectivo, en fin, con una carga difícil de compartir en aquellos tiempos con la mayoría de las personas.
Pero no imposible.
Muchos de sus temas comienzan a serlo para nosotros el día de hoy.
No obstante ello, se rodeaba de personas que lo admiraban y vociferaban sana envidia por su condición feliz ante la creación, como Borges, que desde la primera conferencia sobre Xul en 1968, hasta la última en 1990, no cesó de proclamar su agradecimiento por el tiempo compartido.

Lita, transgredió el modo vanguardista de entender el mundo-museo como institución que tenía Xul, para atender a la necesidad de proteger su aura.

Allí está su espacio, su trabajo, restituyendo su espesor una y otra vez, cada vez que uno va a buscarla, funcionando como una suerte de antídoto al trámite de fetiche al que sus las imágenes están siendo sometidas.
Por supuesto, es un cuento sin final ni moraleja.

....tan sólo he querido darle forma escrita a mi cuento de buenas noches para los alumnos del nivel III el último viernes (11/7) de este cuatrimestre.

Las noches buenas,
se duermen mejor,
cuando nos cuentan
historias de amor.







Video
  • La obra de Xul Solar. Audiovisual. Texto y producción Osvaldo Svanascini. Buenos Aires, 1963.
  • Xul Solar . Texto de María Esther Vázquez. Dirección Hipólito R. Míguez. Producción Elsa Gaffuri. Video Colección Artes y Artistas n° 11. Buenos Aires, 1987.
  • Xul Solar. Texto y dirección de María Ofelia Escasany. Producción Fundación María Ofelia Escasany. Buenos Aires, 1988.
  • Comisión nacional protectora de bibliotecas populares. Plásticos y literatos argentinos. (videograbación). Buenos Aires. CONABIP. [1995?]. Contenido: Xul Solar, Lola Mora, Vértigos: Alejandra Pizarnik, Manuel Mujica Lainez.
  • Xul Solar . Utopías de la imagen. Dirección general, guión y texto Fermín Fevre. Director Pablo Grilli. Producción de la Secretaría de Cultura de la Nación. Buenos Aires, 1995.
  • Xul. Ciclo de artistas plásticos argentinos. Producción Arte sonoro y visual. Argentinarte con ayuda de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires, 2001.
  • “Lux de Xul” Obra de teatro. Fundación Pan Club – Museo Xul solar
CD ROM
  • Xul Solar en el MNBA. Dirección y textos de proyecto, Jorge Glusberg. Producción del Museo Nacional de Bellas Artes. Fundación Epson. Buenos Aires [1998].
  • Xul Solar. Colección Eduardo C. Grüneisen y María Eugenia de Grüneisen. Investigación y relevamiento de datos, Eduardo Grüneisen. Buenos Aires, julio 2001.
  • Museo Xul Solar. Interactive. Fundación Pan Club – Museo Xul Solar
  • “Borges habla de Xul Solar” Colección Voces Fundamentales. Grabación del año 1975. Edición 1999.









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